7. Chakra Sajasrara

El Sajasrara es el último de los siete chakras fundamentales y, según
los expertos, es el chakra más importante de todos.  Este chakra, también conocido como chakra de la coronilla, se halla situado justo encima del cráneo, pero por fuera del cuerpo.

Su representación a una flor de loto abierta, de mil pétalos.

Sajasrara representa la efectiva unión de nuestro Yo interior con el poder divino que todo lo abraza y lo envuelve, haciéndonos sentir constantemente los influjos benéficos de su energía.
 
Es el símbolo de la más completa integración entre las dos esferas, la inmanente y la transcendental, el más pleno regocijo del espíritu, la absoluta libertad y la calma serena.
 
Cuando este chakra se halla armonizado, podemos gozar de lo Divino en cada una de sus formas y somos capaces de sentir su presencia y sus efectos en todos los ámbitos de la vida.
 
El Sajasrara, también llamado chakra de la coronilla, está en estrecha relación con la glándula pineal.

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A diferencia de los chakras anteriores, el Sajasrara posee un solo polo.

chakra de la coronilla
Su color representativo es el violeta y su forma es la de un embudo orientado verticalmente, indicando el cielo.
 
Así como el chakra de raíz, o Muladhará, está orientado hacia el suelo, simbolizando el arraigo y el contacto con el mundo material, de forma análoga aunque inversa, el Sajasrara simboliza la apertura hacia la esfera espiritual.
 
Las principales funciones de este chakra están relacionadas con la conciencia superior, la relación de cada individuo con el todo que lo trasciende.
 
Cuando este chakra se halla armonizado, se vive en un estado de constante comunión y de fluido contacto con la energía creadora del cosmos, un estado de purificación anímica, espiritual y física, de completa ausencia de limitaciones, de obstáculos y en plena libertad.
 
El Sajasrara, el chakra más importante de todos, controla una esfera que, así como se halla justo por fuera del cuerpo, aunque en contacto con él, tampoco es accesible por medio de la razón y a la que solo es posible acceder por medio de una experiencia directa que es fruto de un trabajo interior de meditación.